Universidad de Cuenca, 2003

Ningún dios, ningún demonio
danza en estas playas.
Nadie recoge caracoles
en la hora de descanso de los amos.

No canta el mar, no fructifica.

En la arena, cuerpos inmóviles soportan
la acción depredadora del silencio.

¿Dónde, cuándo la fiesta
que entierre la pesadez
de largas cavilaciones?

¡Oh sobriedad! ¡Oh persistente luz!